Se dijo a si misma...
- Patrañas, el amor no existe... - Como si no supiera que el veneno amargo que despedía... la contaminaba e intoxicaba infinitamente... y si el amor no existiese... no estaría sufriendo por dentro por un amor podrido y perdido... que dejó ir aquella tarde en que se despidio del tren. Aquella tarde donde dejó todas sus fantasías.
Pero por lo menos esto le servía de consuelo. Buscó entonces otro refugio, y prosiguio con lo que tenia en mente: Contaminar a todos a su alrededor... tomar otro delicioso té y seguir escribiendo sobre la inexistencia incomprobable pero sensitiva del amor.
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