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20120222

La historia de por qué tomar café en las mañanas (ó cualquier otro título más apropiado).

1era Parte. Ella
Ring... Ring... Sonaba el telefono, e inmediatamente después la alarma del despertador. Eran exactamente las 8 de la mañana. Demasiado en punto, como para despertar. Abrió los ojos, vio al techo durante unos minutos, hasta que volvió a sonar el teléfono, ring... ring...

A toda prisa se levantó de la cama y apenas alcanzó a contestar: -"Aló." La otra voz se había perdido y solo alcanzó a escuchar un tu... tu... tu... Dejó el teléfono en el escritorio y caminó rumbo al baño, se vio de frente al espejo, y se saludó a si misma con una pequeña sonrisa... -"Buen día...".

Abrió la llave del agua y con un dedo sintió que estaba fría y de pronto ya se estaba echando un puñado de agua en la cara. Cada gota recorría su cara delicadamente, que de pronto se encontraban con el jabón que olía a sándalo...

Terminó de lavar su cara y mientras la secaba, se dirigía a su habitación. Rápidamente empezó a quitarse la pijama y a buscar en las repisas del closet que usar para ese día... -"¿Vestido ó pantalón...?" se preguntaba a si misma... -"Vestido."

Salió de su habitación con un vestido ceñido a su cuerpo, de color negro con pequeños lunares blancos, un pequeño blazer de manga corta en color gris, medias negras, zapatos oxford café miel y un bolso en el mismo color. Se dirigió al espejo nuevamente donde se miró por segunda vez, tomó un pequeño bolso en color naranja y sacó un lápiz, delineó sus grandes ojos almendrados con una gruesa linea negra; después colocó algo de mascara en las pestañas y el toque final, un delicioso labial en color coral que acentuaba sus carnosos labios.

Estaba lista para partir a su trabajo. Antes de partir, paró en el refrigerador, tomó algunos frutos: una pera, un racimo de uvas y finalmente un puñado de fresas, las colocó en un molde y salió de casa a toda prisa. Eran las 9 y media.

Caminó a toda prisa por esa callejón que recorría a diario, cruzó la calle y siguió su camino por esa pequeña avenida empinada, donde siempre estaba el señor de la fruta esperando afuera de la escuela.

Siguió su camino por otra larga cuadra más... cuando de pronto a lo lejos divisó el autobus. Lentamente y casi torpemente empezó a correr. Si no llegaba a la esquina antes de que el camión lo hiciera, tendría que esperar al siguiente que tardaba alrededor de 15 minutos en pasar, y entonces llegaría tarde a trabajar. Corrió, en un instante que se volvió sordo e inmóvil a todo lo demás... como si lo único que importara fuera llegar.

2da Parte. El camionero.
Rung, Rung, sonó el motor, a la presión de acelerador, justo después de colocar la llave dentro y encender el motor. Eran las 5 de la mañana. El día pintaba para que estuviera despejado, pero aun era demasiado temprano como para saberlo.

Pasados los 15 minutos de rigor para calentar el camión, se dispuso a partir. Le tocaba la 4ta ronda. Sus compañeros ya habían iniciado este recorrido 45 minutos atrás y era su hora de partir. Miró a sus retrovisores y encontró el camino despejado, estaba cansado, la noche anterior jugando cartas con sus amigos, sumado a una que otra cerveza para pasar el rato no eran el escenario mas ideal para despertar a las 4 am el día siguiente.

Tomó como de costumbre la ruta ya marcada, ya gastada, vuelta tras, vuelta, tras vuelta, se la sabía tan de memoria que podía hacerla casi con los ojos cerrados. Se detuvo como de costumbre a dar parada a la enfermera que siempre esperaba a las 5:30 en la esquina de Herrera y Cairo con Ghilardi, después a la señora que va al mercado 2 calles más adelante. -"Buen día señora..." Saludó como siempre, la ayudó a sentarse, volvió a tomar su asiento para conducir y siguió la ruta.

Pasadas varias vueltas y saludos rutinarios, le entrega al checador su libreta, quien garabatea unos números, anota otros en su propia libreta y lo deja partir...

Algunas cuadras después, sería la siguiente parada, recuerda: "Aquí es donde sube ese estudiante de medicina, el señor loco que va a la iglesia que está 2 cuadras más adelante... la señora que siempre habla y saluda con todos, la chica que se maquilla en el camino y..." algo interrumpe sus pensamientos, ve un pequeño punto a lo lejos aproximandose a toda prisa.

3era Parte. Sin título.
Casi sin aliento sube al camión y dice, -"Gracias..." A lo que el señor contestó... "Es usted la misma que corría el día de ayer...". -"Sí, siempre se me hace tarde. Entonces recibiendo el boleto del pago, se dispuso a sentarse para emprender el viaje.